Cura Bribón

Cura Bribón

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El George Washington de México

por Beverly Stevens

Crédito Fotográfico: Beverly Stevens y Wikipedia

Es un insólito George Washington. El nombre del ‘Padre de México’ se encuentra por todas partes: en letreros de calles, en los billetes de 1,000 pesos y, de hecho, en un estado entero. Coronado con laureles, con frecuencia vestido como senador romano, monumentales estatuas de Hidalgo presiden sobre plazas en pueblos y en glorietas por todo México.

Miguel Hidalgo es una figura emotiva, celebrado en la historia oficial de México y curiosamente aclamado como ‘un padre tres veces: padre religioso, padre de numerosos hijos ilegítimos y padre de su país.’

Aún más impactante, entonces, es descubrir que este hombre fué un cura bribón que encabezó un ejército de insurgentes asesinos en la parte central de México en 1809, atacando ciudadanos desarmados y cometiendo atroces crímenes de guerra. Al final, la afortunadamente breve carrera bélica de dos años de Hidalgo terminó de manera infame frente a un batallón de fusilamiento en 1811

¿Quién fué Hidalgo y por qué es celebrado en México hoy en día? La respuesta a esta pregunta revela en gran parte la lucha por el poder en México, el papel de la Iglesia y, efectivamente, cómo México se entiende a sí mismo y su historia.

Cuestión de Énfasis

Todo es cuestión de énfasis, como el extranjero rápidamente aprende en México. Oficialmente hablando, a Miguel Hidalgo se le describe como una figura un tanto marginada -un ‘criollo’ con menos derechos que los ciudadanos nacidos españoles- que se convirtió en sacerdote y profesor de seminario. Perseguido por sus ideas liberales, según la historia oficial, Hidalgo fue ahuyentado de su posición académica al rural pueblo de Dolores, Guanajuato donde, profundamente conmovido por las dificultades de los pobres, se radicalizó. Trató de ayudar a los pobres enseñándoles a cultivar la aceituna y la uva, pero en México, estos cultivos eran desaprobados o prohibidos por las autoridades debido a las leyes de importación españolas. En 1810 predicó desde su púlpito el famoso ‘Grito de Dolores’, convocando al pueblo a proteger el interés de su Rey Fernando VII (a quien Napoleón mantenía cautivo), sublevándose contra de los españoles nacidos en Europa que habían derrocado al Virrey Español.

Pero lo que la historia oficial falla en mencionar es que la familia de Hidalgo era muy acaudalada y que fué educado en las mejores escuelas de México. Aprendió francés, lo cual le permitió leer las nuevas ideas de moda de los escritores de la ‘Ilustración’ Rousseau y Voltaire. Tal parece que adoptó varias de estas ideas, practicando un abiertamente libertino estilo de vida de fiestas y apuestas, mientras enseñaba a seminaristas gramática del Latín y las Artes –sin duda una precaria posición, aún para un bien conectado y ambicioso joven.

Asimismo, a diferencia del famosamente monógamo matrimonio de George Washington con la acaudalada viuda mayor de edad Martha Custis, el ‘Padre de México’ era un mujeriego. Manuela Ramos Pichardo tuvo dos de sus hijos. Bibiana Lucero tuvo uno. Después él vivió con María Manuela Herrera, procreando dos hijas con ella. Más tarde, procreó tres hijos más con Josefa Quintana. En total, Hidalgo reconoció ocho hijos ilegítimos.

A pesar de sus lucidas indiscreciones, las conexiones de la familia de Hidalgo y su natural inteligencia le sirvieron de mucho al principio. Para cuando tenía 39 años de edad, ya era decano del seminario. Sin embargo, dos años más tarde fué abruptamente destituido debido a varias transgresiones, incluyendo el manejo irregular de fondos. Compareció ante la Corte de La Inquisición aunque, por alguna razón –posiblemente su riqueza y conexiones familiares- la Corte no lo encontró culpable.

 

Hidalgo en El Campo

De forma vergonzosa, Hidalgo fue reasignado a trabajo de parroquia rural. Sin embargo, el trabajo de cura en el pequeño pueblo de Dolores no le atrajo, así que asignó la mayor parte de sus obligaciones sacerdotales a clérigos de menor rango, y se enfocó en administrar sus asuntos de negocios, incluyendo tres haciendas mexicanas compradas con préstamos que había obtenido de la Iglesia bajo términos favorables.

No obstante, no escuchamos mucho sobre esto en textos oficiales de la Historia de México, los cuales prefieren pintar a Hidalgo como un hombre interesado en las dificultades de los pobres en Dolores. Se nos dice que se dedicó casi exclusivamente al comercio, a intereses intelectuales y actividades humanitarias, y que su estudio de obras científicas, el cultivo de la uva y la cría del gusano de seda eran un esfuerzo altruista para promover actividades económicas para los pobres y la gente del campo en su área. El objetivo de Hidalgo, debemos creer, era hacer a los indios y mestizos más autodependientes y menos dependientes de las leyes económicas españolas. Los textos mexicanos tienen cuidado en denotar que Hidalgo era un igualitario que supuestamente abría las puertas de su casa a gente de todas las razas.

Por supuesto fallan en mencionar que tanto el cultivo de la uva como la cría del gusano de seda eran dos de los más codiciados cultivos comerciales de la época, contando con ganancias sumamente altas. Las fábricas de ladrillo de Hidalgo, operadas por gente del lugar, también eran actividades con fines de lucro. Toda esta actividad era sustentada por la riqueza personal de Hidalgo, y grandemente aumentada por los préstamos de la Iglesia obtenidos a privilegiadas y bajas tasas de interés.

Los textos mexicanos prefieren enfocarse en cómo las actividades de Hidalgo entraron en conflicto con políticas de gobierno diseñadas para proteger la agricultura e industria en España, y cómo la explotación española de ‘castas de raza mixta’ fomentaron resentimiento en Hidalgo. También escuchamos cómo las prácticas mercantiles españolas causaron miseria a los pueblos nativos, contra lo cual peleó Hidalgo.

De lo que no escuchamos es cómo cobraron los españoles los préstamos personales de Hidalgo.

El Camino a La Guerra

 

En 1810, el nuevo enviado de Napoleón, quien mantenía como rehén al Rey Fernando III, cambió las reglas en México. Uno de sus edictos para ahorrar dinero estableció que el Estado mexicano asumiera todos los préstamos que mantenía entonces la Iglesia. Teniendo al gobierno como el nuevo prestamista, todo préstamo concedido por la Iglesia a sus sacerdotes deberían ser pagados en su totalidad en un año a partir de la fecha.

Encontrándose sobre-hipotecado y con todos los intereses de sus negocios dependiendo de esos préstamos, Hidalgo enfrentaba la ruina personal.

Su respuesta fué ‘El Grito de Dolores’, convocando al pueblo a rebelarse contra los españoles nacidos en Europa, quienes habían derrocado al antiguo Virrey Español. Sin embargo, este evento, que desde entonces ha alcanzado un estatus casi de leyenda, no fué un grito del corazón no planeado o espontáneo.

La noche anterior, Hidalgo había persuadido a su hermano Mauricio, al igual que sus amigos Ignacio Allende y Mariano Abasolo, a ir con un número de hombres armados a obligar al alguacil de Dolores a dejar en libertad a sus presos. Estos 80 criminales fueron los primeros en apoyar a Hidalgo.

Allende, quien contaba con entrenamiento militar, fué hecho a un lado a favor de Hidalgo, cuyo liderazgo ‘sacerdotal’ le dió al movimiento insurgente un aspecto sobrenatural. Muchos pueblerinos creían que el mismo Fernando VII, quien se encontraba preso, les ordenaba lealtad a Hidalgo; la mayoría creía que el monarca se encontraba en la Nueva España dirigiendo personalmente la rebelión en contra de su propio gobierno –y que el Rey ordenaba que exterminaran a todos los españoles y dividieran su propiedad entre las masas. Historiadores modernos especulan que el enormemente inepto generalato de Hidalgo se mantuvo a flote gracias a la creencia de los indios en tal supuesta legitimidad religiosa, que llegó tan lejos como a esperar el regreso del Mesías.

 

A la mañana siguiente, en una Misa a la que asistieron alrededor de 300 feligreses, Hidalgo exhortó a la gente de su parroquia a dejar sus hogares y unirse a él en una rebelión contra el actual gobierno, en el nombre de su Rey. Su Grito fué cuidadosamente formulado, evitando críticas al catolicismo, a la monarquía y al orden social. Recibió una oleada de apoyo de intelectuales, de unos cuantos sacerdotes liberales y de numerosos indios y mestizos que se integraron en tales números que la guerra de Hidalgo rápidamente asumió el carácter de una rebelión indisciplinada en busca de venganza, rapiña y botín.

Lo Que Hicieron

El ejército de Hidalgo creció de 800 pobremente armados y desprovistos indios y mestizos, a más de 100,000 en sólo unos cuantos meses. Marcharon por la parte central de México atacando ranchos, pueblos y aldeas en la rica y densamente poblada provincia de Guanajuato. Pronto cayeron en el robo, pillaje y saqueo de los pueblos que capturaban. También comenzaron a torturar y a ejecutar prisioneros.

Hidalgo encabezó todo esto con una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe sujetada a una lanza, pero la incesante violencia perpetrada por este indisciplinado y dispar ejército causo fricción con Allende. A fines de septiembre de 1810, Allende intentó detener la violencia de la muchedumbre golpeando a los insurgentes con la parte plana de su espada. Esto causó una reprimenda de Hidalgo, acusando a Allende de ‘maltratar a la gente’.

Unos cuantos días después, el ejército de Hidalgo, armado con palos, piedras y machetes, atacó poblaciones españolas y criollas desarmadas que se encontraban escondidas en un granero y mataron a todos los que se encontraban adentro –cientos de hombres, mujeres y niños. Las protestas de Allende contra estos atroces crímenes fueron ignoradas, y un par de semanas después, en Acámbaro, Hidalgo fué ‘promovido’ a ‘Generalísimo’ y se le dió el título de ‘Su Serenísima Alteza’.

 

El nuevo elevado rango de Hidalgo fué proclamado en su uniforme azul con un collarín clerical y solapas rojas adornadas con plata y oro, y una gran imagen dorada de la Virgen de Guadalupe en su pecho. Su primer paso fué emitir proclamaciones en contra de los blancos, a quienes acusaba de arrogancia y despotismo, así como de esclavizar a aquéllos en Las Américas durante casi 300 años. Hidalgo quería “mandarlos de regreso a la tierra natal”.

La Iglesia Responde

¿Cómo respondió la Iglesia a uno de los suyos encabezando una enorme y racista muchedumbre, cuyo objetivo era asesinar y saquear? Primero, el Obispo electo de Michoacán Manuel Abad y Queipo, expidió un decreto de excomunión el 24 de septiembre de 1810. Cuando Hidalgo le obligó a rescindirlo, la misma Inquisición expidió un edicto de excomunión el 13 de octubre de 1810, condenando a Hidalgo como un sedicioso, apóstata y hereje.

Sin ser acobardado y hasta el momento sin ninguna oposición, Hidalgo permaneció en Valladolid y se preparó a avanzar y a entrar a la Ciudad de México. El canon de la catedral valientemente se dirigió a Hidalgo, rogándole que prometiera que las atrocidades de San Miguel, Celaya y Guanajuato no se repetirían. El canon fué parcialmente efectivo ya que la destrucción total de la ciudad fue evitada. Sin embargo, cuando se enfureció al encontrar la catedral cerrada con llave, Hidalgo encarceló a todos los españoles y saqueó la ciudad y las recaudaciones de la catedral antes de marcharse hacia la Ciudad de México.

El Golpe de La Realidad

Las tropas de Hidalgo primero pelearon contra las fuerzas realistas en el camino en la Batalla del Monte de Las Cruces, obligándolos a retirarse –pero no sin que antes los entrenados soldados realistas causaran las primeras grandes bajas que el ejército de Hidalgo había sufrido. Hubo algunas deserciones, pero conforme se acercaban a la Ciudad de México, Hidalgo todavía contaba con unos 100,000 insurgentes, que sobrepasaban en número a las fuerzas realistas.

Sin embargo, los indios y las castas del Valle de México habían sido prevenidos de las despiadadas tropas de Hidalgo, así que los encontró oponiéndose a él tanto como los criollos y los blancos. Todos ellos estaban protegidos por tropas entrenadas. En lo que ahora es el barrio de Cuajimalpa en la Ciudad de México, Hidalgo dudó, decidió alejarse de la Ciudad de México y se dirigió a Guadalajara.

A este punto, sus insurgentes comenzaron a desertar en grandes números. En unas cuantas millas, el ejército de Hidalgo se había reducido a 40,000 hombres. Cuando el General Félix Calleja atacó a las fuerzas de Hidalgo, las derrotó fácilmente el 7 de noviembre de 1810. Allende se retiró, llevando las tropas bajo su mando a Guanajuato en vez de Guadalajara. Hidalgo llegó a Guadalajara el 26 de noviembre con solamente 7,000 pobremente armados hombres.

Hidalgo El Alcalde

Al principio, Hidalgo ocupó la ciudad con el apoyo de la clase baja basado en su promesa de poner fin a la esclavitud, a los tributos y a los impuestos sobre alcohol y productos de tabaco. Como autonombrado Alcalde de Guadalajara, Hidalgo pasó el siguiente mes expidiendo decretos y publicando un periódico revolucionario. Durante este período, la violencia insurgente escalaba en Guadalajara. Los ciudadanos eran aprehendidos y ejecutados, con los insurgentes teniendo como objetivo las propiedades de criollos y españoles, sin importar su afiliación política. Mientras tanto, el ejército realista había forzado a Allende a huir a Guadalajara, donde una vez más expresó su objeción a la violencia insurgente. Sin embargo, Hidalgo, queriendo permanecer en buenos términos con su propio ejército, le permitió cometer tanta rapiña y saqueo como deseara.

En respuesta, el Obispo Manuel Abad y Queipo excomulgó a todos los seguidores de Hidalgo en la víspera de Navidad (textos de la Historia de México cínicamente relatan que el Obispo “alegaba ‘sacrilegios’ y supuesto maltrato a sacerdotes.”).

Curiosamente, la Inquisición proclamó un detallado edicto de herejía contra Hidalgo, con cargos (casi definitivamente ciertos) de haber predicado la negación del castigo al pecado, la autenticidad de la Biblia, la perpetua virginidad de María, la existencia del infierno y la Presencia Real en La Eucaristía –además de denunciar a Papas y al mando de la Iglesia.

No obstante, el edicto de la Inquisición llevaba peso –temeroso de perder el apoyo de su ejército, Hidalgo respondió que él nunca se había apartado de la doctrina de la Iglesia en el más mínimo grado.

 

Afuera de esta iglesia en la Hacienda de Pabellón, el 25 de enero de 1811, Allende y los otros líderes insurgentes despojaron a Hidalgo del mando militar, culpándolo de sus derrotas.

El Juego Se Termina

Las fuerzas Realistas marcharon a Guadalajara y totalmente derrotaron a las fuerzas de Hidalgo con una bien entrenada fuerza menos del diez por ciento en número que la plebe bajo el incierto mando de Hidalgo. Una vez más, sus hombres lo abandonaron, obligando a Hidalgo a huir.

 

Lo que quedó del insurgente ‘Ejército de Las Américas’, se trasladó al norte por desoladas áreas montañosas, esperando llegar a los Estados Unidos en busca de apoyo. Sin embargo, Hidalgo se dió por vencido y, en Saltillo, públicamente renunció a su puesto militar, orgullosamente rechazando un indulto ofrecido a cambio de rendirse. Poco tiempo después, él y sus seguidores fueron traicionados y capturados.

Como sacerdote, Hidalgo no estaba sujeto de forma inmediata a la autoridad civil, por lo que fué entregado al Obispo de Durango, quien lo expulsó del sacerdocio y lo excomulgó el 27 de Julio de 1811. Fué entonces encontrado culpable de traición por una corte militar, y ejecutado.

En su ejecución, Hidalgo mantuvo su acostumbrada arrogancia, proféticamente diciendo a sus verdugos: “Aunque yo muera, seré recordado por siempre; todos ustedes pronto serán olvidados.” Su cuerpo, junto con los cuerpos de Allende, Aldama y José Mariano Jiménez, fueron decapitados, y las cabezas fueron expuestas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato. Las cabezas permanecieron ahí durante diez años hasta el final de la Guerra de Independencia de México, para servir como advertencia a otros insurgentes.

El cuerpo sin cabeza de Hidalgo primero fué enterrado en la Iglesia de San Francisco en Chihuahua, y después trasladado a la Ciudad de México en 1824, donde está sepultado debajo del Monumento a La Independencia, ‘El Ángel’, en la Ciudad de México, junto con los cuerpos de los otros héroes de la insurgencia.

El Monumento corona una glorieta de tráfico.

La Rehabilitación de Hidalgo

Tal monumental falla, responsable de extensa muerte, mutilación y desolación, parecería una extraña elección para el papel de paterfamilias (jefe de familia) de la República Mexicana. Entonces ¿cómo se explica esto?

En primera, pocos mexicanos conocen esta versión de los hechos. La política del siglo veinte se ha asegurado cuidadosamente de que una versión heroica de Hidalgo como un hombre del pueblo y mártir por la libertad se haya institucionalizado tanto en las escuelas como en un día festivo; cada año, en la noche del 15 de septiembre, el Presidente de México suena la campana del Palacio Nacional en la Ciudad de México y repite un grito de patriotismo –un ‘Grito Mexicano’ basado en el ‘Grito de Dolores’- con los nombres de estos héroes de la Guerra de Independencia de México, finalizando con el grito de “¡Viva México!” tres veces desde el balcón del palacio en la Plaza de la Constitución. Cada año, los presidentes suenan la campana y ondean la bandera mexicana, una banda militar toca el Himno Nacional Mexicano, y medio millón de espectadores de todo México y turistas aclaman a un hombre de quien muy poco saben.

 

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